
La foto es de 1972, en el centro de la fotografía, más que sentado, erguido en su silla, atento, con una mueca que anticipa una sonrisa, está Agustín Tosco. A su izquierda Mario Abel Amaya, que fuera diputado radical, del que recordamos siempre la sonoridad de su apellido coreado por miles de gargantas en actos y asambleas, y nunca su rostro, porque escasean sus retratos. Muy serio, reconcentrado. Como fondo, en lo que seguramente es el local del Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba hay varios afiches, de esos que invitan a movilizaciones, o que convocan a homenajes.
Se trata de una conferencia de prensa donde Tosco está agradeciendo los esfuerzos de los trabajadores y el pueblo de Córdoba para forzar su liberación ocurrida algunos días atrás. Había estado preso de la dictadura de Onganía luego del Cordobazo por diecisiete meses y Amaya había actuado como su abogado, con una solidaridad y un compromiso que también expresó con los presos de Rawson, y en especial con los que fueran ominosamente fusilados en Trelew.
De pie, tapando los afiches de la pared, hay varios de sus compañeros, Felipe Alberti, Ricardo Murúa y Ramón Contreras, y el más tarde Senador de la Nación Hipólito Solari Irigoyen, abogado y amigo de Tosco, que luego, también conociera los tormentos y el exilio provocados por la dictadura que se instala en 1976.
La escena tiene todo el clima de la época. La conferencia de prensa, en quietud, con la solemnidad y el silencio ambiente que supone, no solo transmite una noticia. Da cuenta de esfuerzos, de hechos concretos que modifican la realidad. Tiene el sentido del balance de lo realizado y el del impulso a nuevas acciones.
Lo que no se ve en la foto es la gente sentada delante de la mesa, seguramente un manojo de dirigentes sindicales y políticos acompañando la tarea de los trabajadores de prensa; muchos, seguramente habrán tenido problemas en difundir la información.
Tosco y Amaya comparten ese momento y más tarde compartirán sus destinos. El dirigente sindical encontrará la muerte luego de una penosa enfermedad en la clandestinidad, escapando de la Triple A, sabiendo que donde lo ubicaran lo iban a ejecutar, sin mas. Amaya no tuvo mejor suerte, desaparecido un tiempo, luego muere en Devoto, después de una salvaje sesión de tortura, que su salud quebrantada no pudo resistir.
La marchita
Hace 2 semanas
1 comentarios:
algunas pavadas pero ya me consultás te digo: fijate que hay comas que las ponés adelante de la "y" y me parece que se lee mejor si va después o en el caso de ,y nunca su rostro, no la pondría a esa coma o la pondría después y, nunca su rostro...
vos decías había estado preso y amaya habia en el mismo párrafo, poné directamente " y actuó como su abogado"...sino es redundante
pussiste silencio ambiente, tenés que poner un advervio? silencioso
el resto, me parece bien aunque no comparto el romanticismo político e torno a los 70 porque la política es aquí y ahora, el 28 de junio!!! saludos
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